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sábado, 29 de noviembre de 2014

«Pan, trabajo, techo y dignidad»

EDITORIAL

29·11·2014

Por más necesitado que el demandante pueda estar de ella, pedir dignidad, como pedir belleza o sabiduría, no deja de ser un acto perfectamente estéril. Un acto cuya puerilidad resulta difícilmente discutible, y que si bien puede considerarse legítimo —por cuanto tiene de ejercicio del derecho de expresión—, carece de mayor urdimbre intelectual que los deseos de paz mundial de Miss Dakota del Este.

Cualquiera que lo desee, faltaría más, puede pedir dignidad o cualquier otra virtud de la que crea carecer, y, en términos generales, puede hacerlo allá donde lo estime oportuno. Nada que objetar.

El problema, no obstante, surge cuando se emplea el término como eufemismo de dinero. Asociar la dignidad al nivel de renta es tanto como afirmar que los pobres carecen de ella; que el inmigrante que entutora tomateras en un invernadero del Poniente es menos digno que cualquier concejal; que la señora que friega escaleras por 6 euros la hora es menos digna que la diputada de Bienestar Social; que el pinche de cocina de un hotel de Mojácar es menos digno que cuantos políticos y sindicalistas viven a su costa.

El problema radica en que no es dignidad lo que reclaman —nadie puede concedérsela—, sino un dinero que otros ganan con su esfuerzo y su trabajo, y que estos colectivos «pro dignidad», lejos de pedir humildemente, exigen como un derecho.

Los manifestantes que, bajo el lema «Pan, trabajo, techo y dignidad», recorrían este sábado las calles de la capital, no reivindicaban en realidad sino el pan ajeno, el fruto del trabajo ajeno y una dignidad que nadie puede conferirles, pero que no tienen inconveniente en sustituir por una dotación económica.

Hablan de pan, como de techo, y no se refieren sino al dinero que otros deben ser obligados a entregarles para sufragar su alimentación o su vivienda, independientemente de si hacen algo o no por procurárselas.

Hablan de trabajo, pero nadie les impide hacerse autónomos y salir a la calle a buscarse el sustento. No, lo que exigen es una nómina, que otra persona les contrate independientemente de su capacidad o desempeño, y que les pague, no en función de su aportación al proceso de creación de valor, sino de su propio concepto de «dignidad».

Hablan de dignidad, y cuando lo hacen resulta muy difícil no pensar en la famosa «dignidad del cargo» que tan «dignamente» ha permitido vivir a tanta gente en este país a costa de los no tan dignos.

Nada hay de malo en querer prosperar, al contrario, en esta provincia hay personas que trabajan 14 horas al día para conseguirlo: taxistas, agricultores, ganaderos, hosteleros, pequeños y grandes empresarios, trabajadores por cuenta ajena, autónomos de todo tipo y fortuna... No, lo verdaderamente indigno es querer hacerlo a costa del esfuerzo de todos ellos.

viernes, 17 de octubre de 2014

Sindicatos denuncian el déficit en prevención tras la última muerte por accidente laboral

UGT y CCOO se concentran en Almería en protesta por la muerte de un trabajador que perdió la vida en un invernadero de Níjar


Momento de la concentración que protagonizaron ayer los sindicalistas. Foto: Europa Press/UGT
EUROPA PRESS / 17·10·2014

Representantes de los sindicatos UGT y CCOO en Almería se han concentrado este jueves a las puertas del edificio sindical en protesta por el último accidente laboral en el que un trabajador de 27 años perdió la vida tras ser golpeado por una bobina de plástico de grandes dimensiones en un invernadero de Níjar. Así, denunciaron que «la alta cifra de siniestralidad» laboral que registra la provincia «evidencia el déficit» de programas de prevención de riesgos laborales.

Tras la concentración, el secretario general de UGT Almería, Félix López, señaló que «es más que evidente el déficit que en materia de prevención de riesgos laborales sufre Almería» ante las 15 personas fallecidas, según los datos de los sindicatos. Esta cifra superaría el número de accidentes mortales de 2013.

Ante esta situación, López afirmó que «ha llegado el momento de poner encima de la mesa soluciones eficaces. No preguntamos cuántas muertes son necesarias para que la Administración y los empresarios velen porque los trabajadores y las trabajadoras tengan total garantía de seguridad en su puesto de trabajo».

Por otro lado, el responsable sindical resaltó la «importancia» de la formación en materia de prevención. «Es crucial hacer una clara apuesta en formación con el objetivo de que los trabajadores conozcan las medidas a adoptar en materia preventiva, evitando así más accidentes laborales».

Asimismo, hizo un llamamiento a empresarios, Administración, trabajadores y sindicatos para hacer una mesa común «en la que no sólo se lleven datos, sino que se lleven propuestas que a corto plazo permitan erradicar la siniestralidad laboral». «Hay que perseguir a aquellas empresas que no cumplan en materia de prevención y premiar a las que lo hagan, y si es necesario, realizar un test a los trabajadores para ver si están formados como exige la Ley y si cuentan con el equipo de seguridad adecuado antes de entrar al trabajo», valoró.

Por su parte, el secretario general de CCOO Almería, Juan Pallarés, señaló que «es lamentable que en el siglo XXI se sigan produciendo las muertes en el puesto de trabajo por aplastamiento, de igual manera que ocurría durante la construcción de las pirámides, lo que demuestra que se ha avanzado muy poco en materia de prevención de riesgos laborales».

«Estamos ante una falta evidente de prevención, han fallado todos los mecanismos de seguridad y eso quiere decir que todos aquellos que estamos participando en materia de PRL estamos haciendo las cosas mal», apuntó Pallarés.

CCOO solicitó que la Comisión de Prevención de Riesgos Laborales «no sólo sirva para darnos datos y cifras de los accidentes que se han producido, sino que además sirva para analizarlos uno a uno y poner las bases para que no se vuelvan a producir por lo menos los de ese tipo. Todos los accidentes se pueden evitar y creo que para eso estamos los sindicatos, la Administración y sobre todo, los empresarios. No olvidemos que la Ley pone toda la carga de la prevención en manos de los empresarios, y al fin y al cabo, es su obligación velar por la seguridad y la salud de sus trabajadores».

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